TRICOLOR

Tricolor. Sus balcones y ventanas explotan de flores y plantas de diferentes especies. Copas de árboles de sus terrazas. Diferentes tonalidades de verde convierten un gris tan característico y aburrido de las ciudades en espacios agradables. No hay ninguna en especial porque es un denominador común de las edificaciones en Milán. No sé qué pensaban sus dueños al tomar esa decisión. Estoy casi segura de que no tomaron noción que su elección es un placer tanto para él como para el espectador de la calle. Es un ejemplo de como un detalle tan simple puede embellecer el camino al centro de la ciudad.

Es un símbolo. Tiene 157 metros de largo y puede albergar 40.000 personas en su interior. Es el escenario donde el italiano ve y, más importante, se deja ver. Es un punto de encuentro para empezar a recorrer la ciudad. Es una brújula para los turistas. Si ves un mapa, las calles la circundan. Es el centro. Es la segunda más grande de Europa. Con su imponente y blanca estructura de mármol, la Catedral de Milán es espectadora de la passeggiata. Los que saben dicen que la mejor vista es desde arriba.

La bebida más popular de Milán es una excusa ideal para relajarse después de un día de turismo en la ciudad. Es un líquido rojo, con aroma y sabor amargo. Aprendí su color y perfume de la costumbre previa a cualquier comida de mi abuelo. Para conocerla alla italiana visité la Terraza Aperol que conjuga tradición y altura. Es una ventana refrescante que da a la famosa plaza del Duomo. Arriba de la Galleria Vittorio Emanuelle y con vistas a las agujas de la catedral podes elegir entre cocktails clásicos o reinventados pero siempre con Campari o su hermano naranja y de menor graduación alcohólica, Aperol.

Milán. Junio, 2015.

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