SALSIQUIERES

Parada obligatoria en una ruta guiada por el viento y la sal. Un anfiteatro con tribunas al mar. Un pueblo que abraza a su razón de ser con casas colgantes naranjas, verdes y azules. Calles estrechas con rincones coquetos y pisos con esqueletos de pipas. Desde la plaza se avanza por escaleras de barandas azules que sumergen por callejuelas tramposas. La arquitectura se funde con el paisaje. Es fácil perderse y entrar a una casa sin darse cuenta, pero permite conocer su cotidianidad. En sus puertas como ropa colgada te recibe el curadillo, un pescado que se deja secar al sol y el viento, evitando la lluvia y la niebla por cuatro meses. Tras 75 metros de altura, llegás a una panorámica vertiginosa de tejados orientados al mar. Se puede respirar un aire puro y fresco para mirar la geografía con otra mirada. Vista digna para admirar uno de los pueblos más bellos de Asturias. El descenso, siempre más cómodo, pero en este caso porque restaurantes con terrazas nos esperan con sidra fresca para acompañar el fin del día.

Cudillero. Septiembre, 2014.

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